El caso de Ada

El caso de Ada, Mi otra yo. Tomar a los padres

El caso de ADA, tomar a los padres. ¿No estás harta de Luchar? 1ª parte

El caso de Ada en la serie “Mi Otra Yo”, deja entrever en el tercer capítulo la lucha de Ada contra su propia vida. Reta a la vida a un pulso, sin tomar en cuenta que la vida es mucho más grande que ella. Por supuesto que es fácil saber cuál de las dos va a ganar ese pulso.

Se puede observar que Ada se coloca por encima de todo y de todos. En la conversación con el señor Zaman, el facilitador de la serie Mi Otra Yo, en la terraza del café, mientras ella leía el libro “Este dolor no es mío”, la pregunta perfecta que hace El señor Zaman es: ¿No estás harta de Luchar? ¿No es agotador luchar sola?

Dinámica familiar en el caso de Ada

En este caso, Ada parece colocarse por encima de sus padres. Puedo sacar esta conclusión al ver su dinámica con el resto de personajes sin necesidad de ver más capítulos, claro que sería una hipótesis si no fuera porque en siguientes capítulos, vemos cómo es su relación con su madre. Dejan claro que Ada se cree superior a ella. No en vano, el señor Zaman le dice que lea con atención la página 24 del libro Este Dolor No Es Mío, el mismo libro que tiene ella en la mesa.

Para quien no conozca el libro Este Dolor No Es Mío, el libro habla de las diferentes dinámicas familiares, pero lo hace desde un punto de vista dinámico e interesante, ya que es la propia experiencia del autor.

La página 24 del libro habla sobre cómo el autor habiendo hecho varios tipos de terapias y estar con diferentes maestros y gurús, se creía superior a sus padres.

Volver a casa.

En esa página del libro, el maestro no felicita al autor por el buen trabajo que ha realizado en su trayectoria en el templo y con la meditación, que era lo que el autor esperaba de su maestro, una palmadita en la espalda. Para su sorpresa el maestro le dijo que llamara a su madre y volviera a casa. Se quedó tan indignado con las palabras de su maestro que el cuerpo le temblaba de ira. El autor cuenta que creía que había madurado más que sus padres, que los había cambiado por unos padres mejores, por padres espirituales. Hace referencia a que los maestros y gurús que había conocido pasaron a ser sus padres (en su subconsciente, claro).

 El caso de Ada como personaje

Vemos en el personaje de Ada una mujer soberbia, que parece saberlo todo o tener respuesta a todo. Sabe qué le conviene a sus amigas y lo que éstas deben hacer según su criterio y tiene la certeza de que es lo adecuado y lo único que se puede hacer. De lo contrario las critica y piensa que no son lo suficientemente buenas como lo es ella. No toma en cuenta que puede equivocarse y que sus soluciones u opiniones no son las únicas válidas. Es extremadamente exigente con los demás pero no con ella misma. Nos recuerda más bien al comportamiento de una niña. Se nota que tiene una lucha interna.

Cuando luchamos contra nuestra propia vida.

Hemos visto en varios casos de consulta, casos como los de Ada de la serie Mi Otra Yo. En estos casos de lucha contra la vida es frecuente escuchar que los clientes no están satisfechos con uno o con los dos padres. Desean haber tenido otros padres, más cariñosos, menos estrictos, etc. Pero también los hay que aborrecen cómo son sus padres: “son manipuladores, mentirosos, sólo quieren criticarme, viven luchando por llevar la razón y no la tienen…” y ese largo etcétera que ya conocemos.

Sin duda alguna no es fácil en algunos casos ver y tomar a nuestros padres tales y como son y tal y como lo han hecho. Hay casos extremos donde sólo queda una opción y es ponerse a salvo de ese tipo de progenitores. Tener un vínculo con un familiar, no significa tener que relacionarse con él o ella. Es indispensable pensar en la seguridad de uno mismo, en la integridad, la dignidad y la salud física y mental y si no es posible tener una relación con un miembro de la familia porque no estamos a salvo, entonces no se tiene.

Sin embargo, esto no quiere decir que no podamos tener en un buen lugar de nuestros corazones a nuestros padres tal y como son, sin querer cambiarlos, sin desear que sean otros o haber tenido otra infancia o que no hubieran hecho o dejado de hacer. Nuestros padres lo han hecho como han sabido y podido y con certeza decimos que si lo hubieran sabido hacer de otra manera, ya lo hubieran hecho.

En casos extremos comprendemos la dificultad que esto conlleva, pero es posible tomar a nuestros padres con sus luces y sus sombras. Para estos casos la terapia sistémica puede ser muy efectiva.

La gestión emocional de un niño.

Tanto el caso de Ada, como en la mayoría de casos, tenemos una gestión emocional de un niño de seis años. No en vano el trabajo de toda la vida de Eric Berne, un psiquiatra y psicólogo de los años 50, se trataba precisamente de eso, que todos somos unos niños de seis años en lo que respecta a la gestión emocional. Y no es la gestión emocional de un niño cualquiera, sino la de un niño herido.

Eric Berne, el creador del Análisis Transaccional, tiene varias frases célebres y una de ellas es la siguiente: “Es increíble pensar, al principio, que el destino del hombre, toda su nobleza y toda su degradación, sea decidido por un niño de no más de seis años, y generalmente de tres”. Lo que quiere decir en principio que lo que soy ahora viene determinado por mi infancia, pero también quiere decir que nuestra gestión emocional de adultos es la de un niño de seis años en ciertas circunstancias, sobre todo en lo que respecta a las relaciones personales.

Inteligencia emocional.

El caso de Ada no es una excepción. Todos, absolutamente todos crecemos físicamente, pero nos gestionamos emocionalmente como niños. Por supuesto que somos adultos y nos gestionamos como tales en la mayoría de las situaciones, pero aquellas en las que actuamos automáticamente, suele ser la del niño herido. Evitar esta gestión emocional infantil es lo que entendemos por Inteligencia Emocional.

Hagamos un ejercicio: Pensemos en una situación difícil de nuestro día a día. No busquemos asuntos complicados. La pregunta es: ¿Esta dificultad la estoy gestionando como un adulto o como un niño? Si no encontramos más respuesta que la del adulto, preguntémonos: ¿Cómo la gestionaría un niño? ¿Tiene distancia emocional con el asunto? ¿Lo personalizaría? ¿Sería objetivo? ¿Podría colocarse en la piel del otro? ¿Se hace responsable de lo que le corresponde?

Padres perfectos, el caso de Ada.

En la serie Mi Otra Yo se representa muy bien el conflicto del ser humano: Los padres. De los tres casos, dos son claramente relacionados con los padres en diferentes situaciones. Aquí tienes el primer caso que analizamos: Mi Otra Yo y las Constelaciones Familiares.

En el caso de Ada, se ve claramente que Ada desea una madre diferente, una madre perfecta. Es la visión de una niña que cree que los padres deben ser los arquetipos de padres. Ada desea el arquetipo de madre. La madre abnegada, la madre que todo lo da, la que no tiene secretos para su familia, la que no tiene vida privada porque está entregada a sus hijos y a su marido, la madre diosa, la madre de dios… En resumidas cuentas, es la visión de una niña que se niega a no tener lo que desea, a lo que debería ser bajo su mirada de niña, a lo que la consciencia colectiva entiende por madre, o si se quiere, lo que culturalmente nos han inculcado que debe ser una madre. No ve que la madre es una persona normal, común y corriente. Es, simplemente, una persona con asuntos pendientes por solucionar.

La gestión emocional de una niña, en el caso de Ada

Pensemos, ¿realmente un adulto desea que su madre (o padre) sea perfecto? Si eres padre o madre te darás cuenta de que ahora comprendes mejor a tus padres, pero ¿a que te parece injusto que tus hijos te juzguen bajo esta mirada? ¿Pero no es injusto que en algunos aspectos aún sigamos queriendo que nuestros padres lo hubieran hecho diferente? ¿O que no fueran como han sido?, ¿o acaso nos creemos que hemos superado a nuestros padres porque ellos eran más conservadores, o no eran tan modernos o porque no tuvieron la oportunidad de hacer unos estudios superiores como lo hemos tenido nosotros? En fin, que son tantas las situaciones que podemos estar exigiendo a nuestros padres que sólo lo puede exigir un niño. Un niño herido más exactamente.

El niño culpa a otros cuando le va mal: Es por mis padres, por mis jefes, por fulano o mengana. No asume su responsabilidad y tiene una mirada sesgada y manipuladora. Se siente defraudado por otros (en este caso por los padres) y toma la decisión de no hablarles, de considerarlos malas personas e incluso de vengarse de ellos…

El adulto.

En cambio, un adulto no exige que nuestro pasado sea diferente, que nuestros padres sean otros (aunque sea solo un aspecto de su personalidad). No nos creemos mejores que ellos por vivir en una época con otros valores, otras oportunidades o porque tenemos más dinero o más preparación. Los adultos viven en el aquí y ahora.

El adulto es capaz de tomar a los padres tal y como son. No importa cómo hayan sido o lo que hayan podido hacer o dejar de hacer. Entiende que el momento es ahora, que los fracasos no existen, lo pasado, pasado está y el futuro no ha sucedido. Si comete un error es capaz de aprender de él y asumir su responsabilidad, puede equivocarse, es humano. El mundo no está en su contra y no personaliza lo que ocurre en él. No es exigente con los demás fuera del límite de lo acordado y mucho menos es exigente con él mismo, al límite de castigarse por no conseguir las metas ilusorias marcadas.

¿Cómo me puede influir en mi vida que yo tenga esta mirada a mis padres?

Es la pregunta que me suelen hacer. En la Sistémica sabemos que las dinámicas familiares no sólo influyen en nuestro carácter o en nuestras relaciones familiares. Influye en varias parcelas de nuestras vidas: El trabajo, las relaciones con los jefes, con los amigos, la relación que tenemos con el dinero, con nuestra pareja, con nuestros hijos… en definitiva, influye en cómo vemos la vida y cómo la tomamos.

Sin duda alguna la Triangulación Parental, no ocupar los sitios que nos corresponden en la familia, tratar a nuestros padres como nuestros hijos y otras dinámicas, afectan nuestras vidas, nuestra posición en la vida. Sin ocupar la posición que nos corresponde podemos tener una incomodidad, una insatisfacción o un sentimiento de no estar en el sitio adecuado o de no encajar en el grupo. Tener la sensación de no tener suelo, de tratar a los demás de forma inadecuada o no ver oportunidades realistas porque somos superiores y nos merecemos algo mejor. En resumidas cuentas, podemos estar sufriendo y luchando contra nuestra propia vida por mucho tiempo, hasta que ocupemos nuestro lugar de hijos como adultos.

Si crees que las constelaciones o la terapia sistémica puede ayudarte, puedes solicitar una cita conmigo. Esta primera cita es gratuita. Nos conoceremos y analizaremos si la sistémica es adecuada para tu caso. Puedes solicitar tu primera cita aquí.

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leedecaires

Terapeuta Sistémico. Constelador Familiar y Sistémico. Pareja, Familia, Salud Sistémica. Sesiones individuales y grupales tanto presenciales como online. Empresario Consultor Sistémico de Empresas Familiares y Autónomos. Blogger y Vlogger de viajes Trabajo de investigación: Técnicas Sistémicas aplicadas a las Artes Escénicas y a la Escritura Creativa de Ficción: Teatro, Cine, Televisión, Novelas, Cuentos, Guiones de Cine y Televisión, Libretos de Teatro y de Ópera, Danza, Música, Canto.

1 comentario

La Triangulación Parental - LEE DE CAIRES · 14 de noviembre de 2022 a las 00:48

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