
El poder del silencio
El poder del Silencio
Hay historias que no se planean. Se filtran. Aparecen como una grieta en medio del ruido, cuando uno ya ha dejado de buscar. Así nació @MartaNoOpina: no como una idea de serie, sino como una intuición. Una pregunta que me rondaba desde hacía tiempo: ¿qué pasaría si alguien pudiera decir lo que piensa sin miedo a ser señalado?
Durante años he trabajado con voces que callan. En terapia, en escritura, en la vida. Hay silencios que son prudencia, otros son miedo, y algunos —los más hondos— son resistencia. Aprendí a escucharlos como quien afina un oído antiguo: lo que no se dice también habla, y a veces con más verdad que cualquier discurso.
De esa observación —de ver cómo tanta gente tiene que medir sus palabras para poder existir— nació la semilla de la historia. No pensaba en política ni en redes, sino en el precio de tener una voz propia. En esa tensión entre la libertad y el miedo.
Y de ahí surgió Marta: una mujer corriente que, sin buscarlo, acaba convirtiéndose en el eco de muchas otras.
El silencio como materia narrativa
En la serie, Marta calla mucho antes de hablar. Su silencio no es vacío, es campo. Es donde crecen todas las emociones que no caben en una frase: la culpa, el cansancio, el miedo, la ternura. Como en las constelaciones familiares, el silencio de Marta contiene todo lo que no se ha dicho en generaciones: la herencia de las mujeres que aguantaron, los hombres que no miraron, los hijos que aprendieron a no molestar.
Escribirla fue una forma de escucha. No se trataba de inventar una heroína, sino de dejar que hablara esa parte del mundo que siempre está en segundo plano: las que llegan tarde, las que sostienen, las que hacen malabares para sobrevivir mientras los discursos oficiales hablan de “conciliación” y “mérito”.
Marta no es una víctima ni una santa. Es un cuerpo cansado que todavía camina. Y en ese caminar se resume toda la poética de la serie: seguir moviéndose, aunque nadie escuche los pasos.
Cuando la empecé a escribir, entendí que el silencio no es un obstáculo, sino un lenguaje. En terapia lo veo a diario: lo que no se dice actúa. En la escritura ocurre igual. Marta no grita, pero su silencio genera un eco que termina resonando en todos los demás personajes. Carlos María, Inmaculada, Carlota… todos viven prisioneros de sus propios silencios. Y al final, el conflicto político no es más que una guerra de voces: quién puede hablar, quién debe callar y a quién se le permite opinar.
La voz como espejo
El anonimato, la voz y la identidad son hilos que recorren toda la serie. Marta descubre que opinar tiene un precio, y que cada palabra publicada deja una huella. Lo digital, lo público y lo íntimo se mezclan en una especie de espejo que devuelve una pregunta incómoda: ¿qué queda de nosotros cuando dejamos de hablar con nombre propio?
La historia no trata solo de política o de redes. Va de identidad. De cómo una mujer —y, en el fondo, cualquiera de nosotros— intenta reconciliar su voz pública con su verdad íntima.
A veces pienso que todos llevamos una Marta dentro: esa parte que observa, que calla, que opina desde la sombra por miedo a perder algo —el trabajo, la calma, la pertenencia. La diferencia es que ella se atreve a hablar. Y en ese acto pequeño, casi doméstico, empieza una revolución.
Lo que me enseñó escribir en silencio
Escribir Marta No Opina fue un ejercicio de humildad. No se trata solo de contar bien, sino de escuchar mejor. Aprendí que los personajes no son lo que decimos de ellos, sino lo que callan cuando nadie los mira. Que los diálogos más poderosos no siempre se pronuncian en voz alta.
También descubrí algo sobre mí: que muchas veces escribimos lo que no nos atrevemos a confesar. Que la ficción es la manera más elegante de decir la verdad. Y que, al final, uno no crea personajes para esconderse detrás de ellos, sino para poder mirarse sin tanto miedo.
El proceso fue un espejo. Marta encontró su voz mientras yo encontraba la mía. Y aunque su historia pertenece ya a otro universo —ese donde la ficción se convierte en espejo social—, cada vez que releo una escena suya, escucho ese eco inicial: la necesidad de opinar, de existir en voz alta, aunque duela.
El silencio que camina
En la serie, los zapatos son más que atrezzo. Son una metáfora del movimiento, del peso y del destino. Marta camina con los mismos tres pares todo el año: unos viejos, unos de trabajo y unos de recado. Cada paso suyo es una forma de resistencia.
Cuando pienso en el proceso creativo, me doy cuenta de que yo también he caminado descalzo a ratos, probando caminos sin saber si llevaba buen rumbo. A veces la escritura se parece a eso: andar a oscuras, tropezar con lo que uno no quiere ver, y aun así seguir avanzando.
Hoy, cuando miro atrás, no veo una serie. Veo un trayecto. Una voz que nació del silencio, una historia que empezó como intuición y acabó convertida en espejo de muchas otras.
No fue Marta quien aprendió a hablar. Fui yo quien aprendió a escucharla.
Y tal vez eso sea lo que significa escribir: dejar que el silencio, por fin, tenga palabra.
Si quieres saber más sobre @MartaNoOpina
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